Los infumables
EL ULTIMO JUDIO
. Noah Gordon (Ediciones B). 447 pgs.Una vez más –cuándo se cansará el hombre–, Noah Gordon nos ilustra con lo mucho que sabe de medicina antigua y remedios caseros y lo poco documentado que está en otros aspectos históricos: las ciudades que utiliza como escenarios para sus novelas, por ejemplo.
En ningún momento describe con precisión esas ciudades (Toledo, Ciudad Real, Granada…) por las que pasa Yonah Toledano. Pero lo que me ha llegado al alma (será porque es la que mejor conozco) es la increíble recreación de Zaragoza. Habla de uno de los mejores barrios de la ciudad (¿cuál?) o de la plaza Mayor (término utilizado en Castilla, no en Aragón, donde se debería haber referido a la plaza del Mercado como equivalente). Y lo que ya es para nota es la escena de la pág. 262, en la que el protagonista y su maestro, Nuño Fierro, deben cruzar el río Ebro en medio de una lluvia intensa. Y lo hacen a pie, simplemente subiéndose un poco los pantalones, con grave riesgo de haber sido arrastrados por la fuerte corriente hasta la parte de Tortosa. Para mi que Toledano y Fierro debían ser un poco gilipollas, porque cruzar a pie cuando podían haber pasado por el puente de Piedra, en funcionamiento desde más de 100 años atrás…
Por lo demás, poco interesante y con una trama inexistente, aunque la puedes leer siempre que no tengas algo mejor que hacer (descapullar canguros o contar los granos que caben en un reloj de arena, por ejemplo).
LA PLAGA. Ann Benson (Plaza & Janés). 749 pgs.
Vamos a ver si soy capaz de contener mi lengua y referirme a esta ¿novela? con la menor subjetividad posible. Pero será difícil, pues es uno de los libros que dejan una profunda huella en quien los lee (huellas que, sin duda, se deben al sentimiento de estar recibiendo patadas en la base del estómago a cada página que vuelves).
Al menos, dos cosas quedan claras: que Teruel existe (uno de los protagonistas es de Alcaniz); y que en la edad media debía haber un huevo de médicos en paro (como en el infumable anterior "El último judío", el alcañizano es médico, y judío por más señas).
Se cuentan en la novela dos historias paralelas que, seguro, seguro, al final se unen (aunque transcurran en épocas separadas por 500 años). Lo digo como hipótesis porque, lo confieso, he sido incapaz de llegar al final.
En la primera de las épocas (año 1500 y pico) el médico Alejandro Canches debe huir de Alcañiz cuando se descubre que se dedica, en sus ratos libres, a diseccionar cadáveres. Su huida le lleva por Francia e Inglaterra, donde debe evitar que la peste afecte a la corte de Eduardo III. No sé como termina esa historia, pero creo que, al final, el judío se casa con la cristiana, consigue una plaza de interino en la Seguridad Social y se forra practicando abortos en su consulta privada.
La otra historia es casi más dramática. Estamos en el año 2005. Una terrible enfermedad ha diezmado la población de los USA (tampoco debió ser tan grave la cosa cuando la autora de este bodrio ha conseguido sobrevivir). Una doctora sin empleo, Jane Crowe –que ha perdido en la epidemia al marido, hija, padres y un canario que le habían regalado por su último cumpleaños–, decide realizar un estudio sobre no sé qué en Inglaterra. Allí se traslada junto a otra yanqui y no se les ocurre otra cosa a las descerebradas que desenterrar un cacho de tela que había servido de mortaja para un enfermo de peste (uno de los que Alejandro Canches no pudo salvar en su día). El pitote está garantizado: bulbos en los cuellos de la mitad de Londres, la ayudante de la Crowe vagando por todo el país como alma en pena… y el amor. Porque la prota se encuentra con un antiguo compañero de estudios con quien colaborará en la salvación de la Humanidad y en otras cosas que no cito por si hay niños leyendo estas líneas. Tampoco sé cómo acaba el folletín: creo que leer 457 páginas de un total de 750 es penitencia suficiente para un buen hombre como yo.
Por favor, si alguien más inconsciente que yo ha conseguido acabar el tocho, que me confirme mis previsiones. Gracias.